Empezamos este Mundial de Sudáfrica hace tres semanas con una euforia y ansia de fútbol desmedida, especialmente por las opciones verdaderas que esta vez sí nos ofrecía la selección española. A quién no le guste el fútbol le es imposible entenderlo, ¿qué tiene este deporte del baloncito? Para los futboleros un mundial de fútbol es lo máximo, por encima de competiciones nacionales, de la Champions League, Eurocopas, etc.
En los partidos de los Mundiales de fútbol intervienen más cosas que once contra once, juegan países enfrentados desde décadas (en lo futbolítico y en lo real), estilos de juego, esquemas, sistemas, jugadores multimillonarios, marcas deportivas rivales, etc. Es muy difícil no pensar en la historia de los mundiales, en todo lo que ha pasado antes, en la épica, en la gloria, en qué se están jugando en cada momento, en la mística futbolística en definitiva. Los tópicos entran en juego con la misma lógica aplastante para refutar el pase de equipos a octavos, como para romperlas, y explicar su eliminación. La opinión sobre el fútbol es ilógica y al miesmo tiempo racional, se puede desmontar y dar la vuelta con una asombrosa afirmación de las posturas más radicales y radicalmente opuestas. !Eso es fascinante!











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